La Misión

LA MISIÓN

Ya tenía un estandarte, una bandera, que me había aportado mayor seguridad o, por lo menos, una base sobre la que consolidar la nueva casa de mi vida. Ahora necesitaba lo que, en términos empresariales, se conoce como MISIÓN personal. Me repetía cada día, mi propósito y mi compromiso, primeramente conmigo misma, hasta que lo pude convertir en esa Misión que me iba a guiar los próximos años.

A Dónde llevo mi vida, llevo mis sueños y, tras de mi, las ilusiones sembradas ¡NO me fallaré!

Esta frase la convertí en un reto personal y, porque no, en una regla hasta que se convirtió en mi Misión.

Era algo que no me podía permitir, ni hoy tampoco me lo puedo permitir: fallarme ni fallar. Fue mucha la ilusión por luchar y salir a flote, por llevar a cabo lo prometido en mi proyecto. Parte de él trabajado en colaboración con algunas de mis compañeras de encierro. Era lo que juntas creamos parar decirle al Mundo:

¡SÍ SE PUEDE! ¡No somos una etiqueta y nuestra historia no depende de la Moda!

Sólo que, Mundo, no os dais cuenta de que, siempre por la ignorancia o el desconocimiento, se os ciega no solo la mente, sino, lo peor, se os endurece el corazón al punto de no poder ver que ésta, nuestra historia, ésta dura realidad que a lo mejor, Dios no lo quiera, está viviendo tu hija o tu hijo ahora mismo que me estás leyendo; que circula tanto en los medios y se arrastra por los platós televisivos, donde todos opinan estupideces insensatas; que se hace de ella una valla terrorífica, publicitaria y ya está; de la que existe una pésima información y, apenas, existe un tratamiento médico que mete en un mismo saco a drogadictos, alcohólicos, jugadores, adictos a cualquier cosa, que a bulímicos y anoréxicos, MATA. Se cobra vidas, que arrasa no solo con la vida de tu hija, de tu hijo, sino que además destruye familias, tú familia.

Y todo se basa en el desconocimiento, en la gran ignorancia y en el amarillismo social que envuelve toda la temática del TCA. Lo vivido no se puede olvidar, fue un duro y un gran aprendizaje, del cual muchas construimos un hermoso y nuevo mundo. Sé que os podrá sonar extraño, y lo digo así porque esa fuerza de creer y querer, que la vida nos dio la oportunidad de sentir, nos regresó a la propia vida. Nos ha permitido construir nuestro mundo que, para cada uno o una de nosotros/as, es lo máximo; porque muchos y muchas, hemos podido alcanzar nuestras metas, seguir soñando, seguir construyendo y seguir, sobretodo, adelante sin mirar atrás, siendo libres.

EPÍLOGO

Mientras escribía, corregía y retocaba estas líneas, recibí una noticia maravillosa. Algo que demuestra que lo que os estoy contando es real. Que la fuerza de querer y creer, tiene recompensa, tiene premio. Acaban de distinguir mi marca -MAPY DEL RIO- como una de las cuatro finalistas de la IV Edición del Concurso MOMAD TALENTS, que se celebró esta pasada semana en Madrid.

No he sido una de las dos ganadoras, pero no me importa. Grandes profesionales de la moda y de la educación, han movido sobre sus mesas, hasta el último momento, mi nombre, mi marca, mis modelos, sin saber nada de esto que ahora escribo. Esta distinción, se ha convertido en ‘subidón’ de adrenalina que pocos pueden imaginar. Estoy feliz y voy a seguir luchando para que todos -los más posibles o, aunque sólo sea uno-, vean esta enfermedad como una realidad, peligrosa, trascendente y dura, pero que tiene oportunidades que si sabes aprovecharlas, te devuelven la vida.

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