El Miedo

Clínicamente ya venían trabajando conmigo esa parte, la decisión la tomaba yo cuando estuviese segura de dar un paso adelante. Tenía claro que, para empezar mi gran sueño, tenía que romper uno de los eslabones más fuertes de la cadena de mi vida: El MIEDO

EL MIEDO

¡Ay, el MIEDO! cómo consumió mi vida. Quienes me conocen desde hace tiempo, se estarán enterando ahora de esta parte de mi vida; se sorprenderán al leer estas líneas y conocer este rincón de mí; estarán descubriendo mi carácter, por lo tirada para adelante que he sido y, tal vez, empezarán a entender una buena parte de mis actitudes, de mis cambios, de mis comportamientos. Y os lo comparto también a vosotros porque el miedo me frustró en muchas ocasiones, generó pánico en mí. Paralizó mi vida y la fuerza de creer en mí demasiadas veces.

Fui muy lista, eso creí; me supe poner la máscara y convertir toda situación difícil en un no ‘pasa nada’, en cargar la mochila de mi vida con sentimientos de ‘todo lo puedo sola’ y para dentro. El Miedo no me permitía ser libre, ser yo misma, pero me hacía sentir, de cara los demás, segura. Daba la sensación de que todo en mí iba genial, cuando mi realidad interior era otra. Mis fuerzas se agotaban y todo, poco a poco, se iba desvaneciendo dentro de mi persona. Una anomalía más que se sumaba al Monstruo.  

Pero también allí teníamos nuestros momentos de risas; claro está que, sólo era cuando estábamos a buenas…, mientras el Monstruo dormitaba, Jajaja… Nos montábamos nuestras películas. Durante las fechas navideñas organizábamos nuestros súper looks, teníamos tema. Días preparando que nos íbamos a poner; que si, tal vez, nos iban a dejar acostar un poco tarde, Jajaja… En fin, esa semana antes de la Navidad, nos comportábamos todos de cine para que nos dejaran hacer unas navidades chulas; contábamos los días que nos faltaban para nuestras visitas o salidas, para las que pudiesen salir, claro. Era toda una ilusión, una verdadera fiesta.

Para combatir el espectro del Miedo, nos facilitaban armas rudimentarias que nosotras mismas teníamos que construir y que, al fin, se convertirían en muy efectivas para encerrar al Monstruo en el fondo de la cueva. No para destruirlo que, como ya he dicho, es indestructible, pero sí para mantenerlo a ralla.

En el día a día de nuestro acuartelamiento, nos trazábamos metas que nos ilusionaran, proyectos que pudiéramos trabajar con y como un objetivo y nos aportara más motivación para salir de allí, de nuestra situación, de nuestro encierro, como si ya no tuviéramos bastante. Pero es cierto, la recuperación de las personas precisa mucho de su cerebro y el hecho de estar encerrado, con todas las necesidades básicas cubiertas, no ayuda a superar nada, es más, te puede llegar a rebajar autoestima e interés por salir. Y, así, cada una se ponía a trabajar en su motivación personal.

Yo, de hecho, lo tenía claro desde el primer día que dejé de revelarme contra la situación del encierro, de la enfermedad, del Monstruo y de todo lo que se acercara a mi. Mi proyecto tendría mucho que ver con mi profesión, sólo me faltaba darle forma a mi sueño, a mi idea, y presentarlo a los médicos cuando estuviese ya muy segura, y así fue.

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